La brillantez humilde (I)

Publicado el 13 diciembre 2010
Archivado en Carlos Roque Sánchez | 1 comentario

Salvando las diferencias evidentes que existen entre ellas, pienso que la ciencia es un ejemplo a seguir, que debería ser ineludible tanto para la moral como para la religión.

Por supuesto que no les estoy hablando de los contenidos respectivos, que es evidente se mueven en ámbitos diferentes.

Sino de la inevitable necesidad de entrar en razón que tienen las tres, moral, religión y ciencia y que sólo esta última, la ciencia, sigue a rajatabla.

Una razón entendida como empeño en alcanzar verdades universales, mancomunadas, intersubjetivas. Estoy convencido que sólo ese tipo de búsqueda es la que puede llevarnos a online slots la salvación como especie.

No niego que la irracionalidad pueda ser brillante en ocasiones, pero es innegable que siempre, siempre, antes que después, resulta siendo peligrosa. Y es que cuando una afirmación no puede justificarse, se convierte entonces en una verdad privada.

Y como tal es válida sólo para quien crea en ella. Lo que nunca nos conducirá  a un lugar común y casi nunca a algo bueno.

Ni que decirles tengo que creo, de forma rotunda, en un principio ético de la verdad (Continuará)

Comentarios

Una respuesta para “La brillantez humilde (I)”

  1. La brillantez humilde (y II) | tecnologiayciencia on diciembre 16th, 2010 17:09

    […] (Continuación) En uno que dijera más o menos así: “Cuando una verdad privada sea religiosa, moral, estética, emocional, etcétera, se enfrenta a una verdad pública, compartida, universal, ésta tiene prelación”. […]

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